El fotógrafo Gombáu que aún me mira

Este tex­to es un via­je en primera per­sona hacia la figu­ra de mi bis­abue­lo, el fotó­grafo Venan­cio Gom­báu, y la huel­la que dejó en Sala­man­ca y en mi man­era de mirar. Recor­ro su biografía, des­de el apren­diz madrileño has­ta el retratista más pop­u­lar de la ciu­dad, detenién­dome en su estu­dio, sus repor­ta­jes y, sobre todo, en sus imá­genes de la Plaza May­or. Entre anéc­do­tas famil­iares, ref­er­en­cias históri­c­as y reflex­iones téc­ni­cas, el artícu­lo mez­cla memo­ria, archi­vo y camino pro­pio, bus­can­do enten­der por qué, cada vez que dis­paro, sien­to que dis­paro tam­bién con él.

Encerrar la escena para liberarla del ruido

El encuadre den­tro del encuadre con­siste en usar ele­men­tos de la esce­na —puer­tas, ven­tanas, ramas o som­bras— como un segun­do mar­co que rodea al suje­to y dirige la mira­da hacia él. Este recur­so apor­ta pro­fun­di­dad, orde­na fon­dos caóti­cos y refuerza la nar­ra­ti­va de la foto, siem­pre que el mar­co no robe pro­tag­o­nis­mo. La clave está en ele­gir bien el ele­men­to, decidir si lo quieres níti­do o desen­fo­ca­do y medir la luz pen­san­do en el suje­to. Usa­do con mod­eración, trans­for­ma esce­nas planas en imá­genes mucho más grá­fi­cas y sug­er­entes.

El mundo desde la perspectiva de una hormiga

Cam­biar el pun­to de vista en fotografía es una man­era direc­ta de escapar de la abur­ri­da altura de los ojos y dar­le per­son­al­i­dad a tus imá­genes. Al jugar con pic­a­dos, con­trapic­a­dos, cen­i­tales y nadir alteras no solo el tamaño aparente del suje­to, tam­bién la car­ga emo­cional de la esce­na y la sen­sación de pro­fun­di­dad. Agacharte, pegarte al sue­lo, lev­an­tar la cámara o acer­carte mucho al moti­vo trans­for­ma retratos, paisajes y esce­nas de calle en algo menos obvio y más nar­ra­ti­vo. Con prác­ti­ca, el cam­bio de per­spec­ti­va se vuelve un refle­jo cre­ati­vo per­ma­nente.

Anna Atkins y el día que la ciencia se volvió azul

Anna Atkins fue una botáni­ca ingle­sa del siglo XIX que con­vir­tió las algas en som­bras azules sobre papel foto­sen­si­ble, mucho antes de que la pal­abra «fotó­grafa» sonara mín­i­ma­mente nor­mal apli­ca­da a una mujer. Aprendió cian­otip­ia del pro­pio John Her­schel y entendió que ese pro­ce­so bara­to y direc­to podía resolver un prob­le­ma muy con­cre­to: cómo rep­re­sen­tar con pre­cisión especies dimin­u­tas y frágiles. De ahí nació «British Algae: Cyan­otype Impres­sions», primer libro ilustra­do exclu­si­va­mente con imá­genes fotográ­fi­cas, un proyec­to autoed­i­ta­do, tra­ba­josísi­mo y silen­cioso que hoy se reconoce como pieza clave en la his­to­ria de la fotografía cien­tí­fi­ca.

Cuando el tren se convierte en luz

La fotografía fer­roviaria noc­tur­na es una de las dis­ci­plinas más exi­gentes y grat­i­f­i­cantes de la fotografía de paisaje. Des­de las leg­en­darias imá­genes de O. Win­ston Link con sus 43 flash­es sin­croniza­dos has­ta los actuales proyec­tos de fotó­grafos como William Gill, la noche jun­to a las vías ofrece imá­genes imposi­bles de día. Trenes como el Stargaz­er en Nue­vo Méx­i­co o el North­ern Lights Train en Norue­ga han con­ver­tido el via­je noc­turno en expe­ri­en­cia fotográ­fi­ca. La téc­ni­ca com­bi­na largas exposi­ciones, enfoque man­u­al y pacien­cia: vir­tudes que cualquier fotó­grafo puede entre­nar jun­to a un trípode, una man­ta y el sonido lejano de un tren que se acer­ca.

Weegee, el hombre que llegaba antes que la muerte

Arthur Fel­lig, cono­ci­do como Weegee, fue el fotó­grafo que retrató con una Speed Graph­ic y flash direc­to la vio­len­cia noc­tur­na del Nue­va York de los años trein­ta y cuarenta. Inmi­grante ucra­ni­ano cri­a­do en la pobreza del Low­er East Side, aprendió el ofi­cio en los cuar­tos oscuros de las agen­cias de pren­sa antes de con­ver­tirse en el úni­co civ­il con acce­so a la fre­cuen­cia poli­cial. Su libro Naked City (1945) se con­vir­tió en best­seller e inspiró el cine negro. Más allá del mor­bo, sus imá­genes con­tenían una com­pasión gen­uina por los mar­gin­a­dos de la Gran Man­zana.

Regla de los tercios: truco, no mandamiento

La regla de los ter­cios es una guía sen­cil­la para ordenar el encuadre, no un dog­ma inamovi­ble. Divide la ima­gen en una cuadrícu­la de 3×3 y sug­iere colo­car suje­tos y hor­i­zontes sobre líneas e inter­sec­ciones. En paisaje ayu­da a situ­ar hor­i­zontes y ele­men­tos clave; en retra­to colo­ca ojos y miradas; en calle orde­na el caos sin quitar fres­cu­ra. Tam­bién fun­ciona cuan­do decides romper­la con inten­ción, bus­can­do simetrías o un golpe frontal. Lo impor­tante es prac­ticar has­ta inte­ri­orizarla y luego dejar que la intu­ición tome el man­do.

Focus stacking sin drama: así lo hago yo

En macro, la pro­fun­di­dad de cam­po se vuelve ridícu­la­mente pequeña y deja flo­res, insec­tos o tex­turas con solo una pes­taña enfo­ca­da. El focus stack­ing nos per­mite esqui­var esa lim­itación dis­paran­do una serie de fotos, cada una enfo­ca­da en un pun­to dis­tin­to del suje­to, y com­binán­dolas después en soft­ware para obten­er una ima­gen níti­da de delante a atrás. En este artícu­lo cuen­to cómo uti­li­zo el focus stack­ing en el día a día, des­de la toma en cam­po has­ta el rev­e­la­do, con ejem­p­los prác­ti­cos, tru­cos para evi­tar errores típi­cos y algu­nas recomen­da­ciones de soft­ware útiles.

El hombre que robó el tiempo: Edwin Land y la fotografía instantánea

Edwin Land dejó Har­vard, se encer­ró en una bib­liote­ca y se obse­sionó con la luz. En 1943, su hija Jen­nifer le pre­gun­tó por qué no podía ver las fotos al instante. Esa pre­gun­ta sen­cil­la le llevó a inven­tar la fotografía instan­tánea Polaroid. Des­de la primera demostración públi­ca en 1947 has­ta el icóni­co SX-70 de 1972, Land redefinió la fotografía. El fra­ca­so de la Polav­i­sion y la lle­ga­da dig­i­tal le arrebataron la empre­sa. Tras la quiebra de 2001, un puña­do de apa­sion­a­dos europeos recon­struyó la tec­nología des­de cero. Hoy, paradóji­ca­mente, la Gen Z ha con­ver­tido la Polaroid en sím­bo­lo de aut­en­ti­ci­dad frente a la sat­u­ración dig­i­tal.

Cómo usar un ND100000 sin quemar nada

El ND100000, equiv­a­lente a un ND 5.0 de unos 16,5 pasos, per­mite fotografi­ar el Sol durante el eclipse de 2026 con una pro­tec­ción razon­able para el sen­sor si se usa cor­rec­ta­mente y siem­pre por live view. No todos estos fil­tros están dis­eña­dos como fil­tros solares, así que muchos no son seguros para obser­vación direc­ta por visor ópti­co. Para máx­i­ma pro­tec­ción, espe­cial­mente si se quiere obser­var además de fotografi­ar, los fil­tros solares especí­fi­cos, como la lámi­na cer­ti­fi­ca­da ND 5.0, son una opción más com­ple­ta. Exis­ten alter­na­ti­vas más den­sas, pero la clave real está en blo­quear bien UV e infrar­ro­jo.