Fotografiar la niebla sin hacerla desaparecer
La niebla no arruina el paisaje: lo reorganiza. Reduce contraste, atenúa el color y separa la escena en capas según la distancia. Fotografiarla exige vigilar la exposición, porque algunas mediciones pueden oscurecer demasiado una atmósfera luminosa, y entender por qué el enfoque automático duda ante sujetos poco contrastados. El artículo explica cómo elegir planos, focales y puntos de enfoque, cuándo compensar la exposición y cómo aprovechar una niebla que cambia rápidamente. También aborda la condensación y el revelado, donde conviene recuperar contraste con moderación. El objetivo no es eliminar la bruma, sino conservar su capacidad para sugerir profundidad y silencio.









