Weegee, el hombre que llegaba antes que la muerte

Arthur Fel­lig, cono­ci­do como Weegee, fue el fotó­grafo que retrató con una Speed Graph­ic y flash direc­to la vio­len­cia noc­tur­na del Nue­va York de los años trein­ta y cuarenta. Inmi­grante ucra­ni­ano cri­a­do en la pobreza del Low­er East Side, aprendió el ofi­cio en los cuar­tos oscuros de las agen­cias de pren­sa antes de con­ver­tirse en el úni­co civ­il con acce­so a la fre­cuen­cia poli­cial. Su libro Naked City (1945) se con­vir­tió en best­seller e inspiró el cine negro. Más allá del mor­bo, sus imá­genes con­tenían una com­pasión gen­uina por los mar­gin­a­dos de la Gran Man­zana.

El hombre que robó el tiempo: Edwin Land y la fotografía instantánea

Edwin Land dejó Har­vard, se encer­ró en una bib­liote­ca y se obse­sionó con la luz. En 1943, su hija Jen­nifer le pre­gun­tó por qué no podía ver las fotos al instante. Esa pre­gun­ta sen­cil­la le llevó a inven­tar la fotografía instan­tánea Polaroid. Des­de la primera demostración públi­ca en 1947 has­ta el icóni­co SX-70 de 1972, Land redefinió la fotografía. El fra­ca­so de la Polav­i­sion y la lle­ga­da dig­i­tal le arrebataron la empre­sa. Tras la quiebra de 2001, un puña­do de apa­sion­a­dos europeos recon­struyó la tec­nología des­de cero. Hoy, paradóji­ca­mente, la Gen Z ha con­ver­tido la Polaroid en sím­bo­lo de aut­en­ti­ci­dad frente a la sat­u­ración dig­i­tal.

Cuando una cámara Kodak cambió la historia

Frances Ben­jamin John­ston nació en 1864 y se con­vir­tió en la primera fotor­re­portera recono­ci­da de la his­to­ria. Fotó­grafa de cin­co pres­i­dentes de Esta­dos Unidos, doc­u­men­tó la vida cotid­i­ana del Hamp­ton Insti­tute, las condi­ciones lab­o­rales de los mineros y la arqui­tec­tura históri­ca del sur del país. Fue una defen­so­ra incans­able del papel de las mujeres en la fotografía. Su autor­re­tra­to de 1896, con una jar­ra de cerveza y un cig­a­r­ril­lo, sigue sien­do un icono del fem­i­nis­mo visu­al. Dejó más de 25.000 fotografías don­adas a la Bib­liote­ca del Con­gre­so. La fama le llegó veinte años después de su muerte.

Fotografía cubista cotidiana al estilo Hockney

David Hock­ney no es solo un pin­tor pop con pisci­nas turque­sas, tam­bién es un fotó­grafo pelea­do con la idea de la “foto per­fec­ta”. A finales de los seten­ta se lan­za a desmon­tar la fotografía tradi­cional con sus céle­bres “join­ers”, col­lages de Polaroids que mez­clan tiem­po, movimien­to y múlti­ples pun­tos de vista en una sola ima­gen. Más tarde se enam­o­ra de lo dig­i­tal, del fax al iPhone y, sobre todo, del iPad. Este artícu­lo recorre su for­ma de mirar y pro­pone pis­tas prác­ti­cas para lle­var esa mira­da frag­men­ta­da, jugue­t­ona y muy con­sciente al ter­reno fotográ­fi­co actu­al.

Margaret Bourke-White, la mujer que inventó el fotoperiodismo moderno

Mar­garet Bourke-White (1904–1971) fue la gran pio­nera del fotope­ri­odis­mo del siglo XX. Naci­da en el Bronx neoy­orquino, pasó por seis uni­ver­si­dades antes de abrir su estu­dio fotográ­fi­co en Cleve­land. Rev­olu­cionó la fotografía indus­tri­al con su dominio de la ilu­mi­nación arti­fi­cial y per­spec­ti­vas arries­gadas. Fue la primera fotó­grafa de For­tune, la primera de Life, la primera cor­re­spon­sal de guer­ra acred­i­ta­da y la primera occi­den­tal en doc­u­men­tar la indus­tria soviéti­ca. Fotografió los hor­rores de Buchen­wald y retrató a Gand­hi horas antes de su asesina­to. El Parkin­son truncó su car­rera, pero su lega­do sigue definien­do el fotope­ri­odis­mo actu­al.

Ramón Masats, ironía en blanco y negro

Ramón Masats fue uno de los fotó­grafos que cam­biaron para siem­pre la man­era de mirar España. Con su blan­co y negro con­trasta­do, su ironía y su olfa­to para el instante incó­mo­do, retrató pro­ce­siones, box­eadores, pueb­los y per­son­ajes urbanos sin edul­co­rar nada. Sus series sobre fies­tas pop­u­lares, la vida rur­al o el box­eo, jun­to con su tra­ba­jo pos­te­ri­or en cine y tele­visión, con­struyen el retra­to de un país en trans­for­ma­ción. Este artícu­lo recorre su biografía, sus proyec­tos clave y algu­nas pis­tas prác­ti­cas para enten­der, dis­fru­tar y fotografi­ar con un espíritu cer­cano al suyo hoy.

Hiroshi Hamaya: la calma antes del disparo

Hiroshi Hamaya fue mucho más que “el fotó­grafo de la nieve”: fue un explo­rador visu­al del Japón rur­al, de sus rit­uales y de sus con­tradic­ciones mod­er­nas. Naci­do en Tokio en 1915, tra­ba­jó des­de la fotografía aérea has­ta el repor­ta­je social, para luego vol­carse en un paisaje casi espir­i­tu­al. Libros como «Snow Coun­try» y «Japan’s Back Coast» se han con­ver­tido en ref­er­en­cias oblig­adas para cualquiera que ame los fotoli­bros. En este artícu­lo te cuen­to quién fue, cómo mira­ba y qué podemos robar­le hoy a su man­era de fotografi­ar.

Jean Laurent, el mapa fotográfico de España

Jean Lau­rent, o Juan Lau­rent, llegó a Madrid para tra­ba­jar el papel y ter­minó inven­tan­do una for­ma de mirar España. Des­de su estu­dio madrileño sal­ió al exte­ri­or con un carro‑laboratorio y una cámara enorme, recor­rien­do fer­ro­car­riles, puentes y ciu­dades en ple­na trans­for­ma­ción. Usó el colodión húme­do y las copias en albúmi­na para con­stru­ir un archi­vo bru­tal­mente sóli­do, que hoy suma miles de imá­genes dig­i­tal­izadas. Retrató a la corte, doc­u­men­tó obras públi­cas y fotografió las colec­ciones del Museo del Pra­do, con­vir­tien­do sus catál­o­gos en autén­ti­cos fotoli­bros pio­neros. Su obra es memo­ria visu­al, mar­ket­ing ter­ri­to­r­i­al y exper­i­mentación téc­ni­ca a la vez.