En agosto de 2026 vamos a tener al Sol haciendo piruetas con la Luna sobre el norte de España, y es imposible no pensar en fotos. El problema es que el Sol no es precisamente un sujeto tímido, así que antes de sacar la cámara hay que pensar en protección, tanto del sensor como de nuestros ojos. Aquí entra el famoso filtro ND100000, ese bloque de cristal oscuro que promete convertir el disco solar en algo manejable, pero que viene con bastante letra pequeña que conviene conocer. La idea es sencilla: usar el ND100000 de forma segura y saber cuándo es mejor cambiarlo por un filtro solar específico.
Un ND100000 suele equivaler a una densidad óptica 5.0, es decir, deja pasar aproximadamente una cienmilésima parte de la luz que le llega. Traducido a nuestro idioma: reduce la luz unos 16,5 pasos, lo suficiente para que el Sol deje de ser un foco cegador y se convierta en un círculo brillante razonablemente controlable. En el mundo de la fotografía “normal” un filtro así sería inútilmente oscuro, pero para el Sol empieza a tener sentido. El detalle importante es que no solo importa cuánta luz visible bloquea, sino también qué hace con el ultravioleta y el infrarrojo, que son los que pueden causar daños silenciosos, tanto al sensor como a los ojos.
Aquí está la gran división: no todos los ND100000 están diseñados como filtros solares. Muchos ND extremos nacen para fotografía creativa, largas exposiciones diurnas y efectos de movimiento, no para mirar fijamente al Sol durante minutos. Esos filtros suelen atenuar bien la luz visible, pero no siempre bloquean con la misma eficacia el UV y el IR. Por eso, aunque la imagen se vea oscura y cómoda, puede seguir entrando energía no visible que caliente componentes internos o, peor, llegue a tu retina si miras por un visor óptico. Esa es la razón por la que, en muchos foros, verás la frase “un ND no es un filtro solar” repetida casi como un mantra.
La excepción son los filtros pensados específicamente para uso solar, como las láminas tipo Baader AstroSolar ND 5.0 o algunos ND roscados que indican claramente corte UV/IR y uso para Sol. Estos no solo se quedan en el número de pasos, sino que están diseñados para bloquear de manera muy fuerte todo el espectro peligroso, y suelen indicarlo con bastante claridad en las especificaciones. La ventaja obvia: puedes usarlos con mucha más tranquilidad, tanto con la cámara como, según el modelo y las certificaciones, incluso para observación visual breve. Aun así, yo seguiría siendo conservador con eso de pegar el ojo al visor.
Para el eclipse de 2026, el uso correcto del ND100000 pasa por tratarlo, como mínimo, como un filtro “solo para la cámara”, salvo que el fabricante diga muy claramente lo contrario. Eso significa trabajar siempre con live view o visor electrónico, sin usar visor óptico réflex. El flujo básico sería: filtro ND100000 delante del objetivo, cámara en trípode, teleobjetivo moderado o largo, y encuadre al Sol usando pantalla. De este modo, el sensor ve un Sol muy atenuado y tus ojos no reciben directamente el haz concentrado que atraviesa el objetivo. El sensor solo se expone durante el tiempo de disparo, y el resto del tiempo, si quieres ser prudente, puedes incluso desviar un poco el encuadre para que no esté mirando constantemente al disco.

El comportamiento durante las fases parciales es bastante cómodo. Al principio, con el Sol entero, aunque el filtro sea muy denso, seguirás trabajando con tiempos relativamente cortos, porque la luminosidad aparente del disco sigue siendo enorme. A medida que el eclipse progresa y la Luna tapa una fracción mayor, la exposición se suaviza y las velocidades bajan. Es importante disparar en RAW, usar un enfoque manual al infinito afinando en pantalla ampliada y revisar el histograma de vez en cuando para evitar que el disco solar quede quemado sin detalle o, al contrario, demasiado oscuro. Es un tema de prueba rápida y ajuste, nada especialmente dramático.
La película cambia en la totalidad. Durante un eclipse total, el disco brillante desaparece y lo que vemos es la corona, muchísimo más tenue. Si mantienes el ND100000 puesto en ese momento, en la práctica te quedas ciego: la corona apenas aparecerá, y perderás el momento más espectacular. Por eso, la pauta general es clara: filtro puesto durante las fases parciales y fuera durante la totalidad. Eso implica que tengas una pequeña coreografía ensayada: llegado el momento, quitar el filtro con cuidado, disparar la corona con tiempos más largos, y volver a montarlo cuando el Sol empiece a reaparecer. Es el punto donde merece la pena haber practicado el gesto en casa para no pelear con roscas en el minuto clave.
Ahora bien, si hablamos de protección máxima, aparecen alternativas que tienen más sentido que un ND100000 fotográfico puro. La primera y más interesante es la clásica lámina solar certificada, tipo AstroSolar ND 5.0. Se monta delante de todo el sistema óptico, bloqueando la luz antes de que entre en el objetivo. Eso reduce la energía que circula por la lente, evita calentamientos internos y está específicamente diseñada para uso solar prolongado. Además, con una sola hoja puedes construir filtros a medida para varios objetivos, prismáticos o incluso un pequeño telescopio. Un poco de cartulina, un aro ajustado, cinta adhesiva bien puesta y tienes un filtro frontal grande, ligero y robusto.
Otra alternativa son los filtros solares de vidrio diseñados para telescopios, que también pueden adaptarse a objetivos fotográficos grandes. Son más caros y pesados, pero vienen listos para montar y suelen incluir sistemas de sujeción seguros. En cualquier caso, la filosofía es la misma: la luz peligrosa se corta antes de entrar, no a mitad de camino. Y si tu idea es observar además de fotografiar, estos filtros solares específicos, combinados con gafas de eclipse homologadas, son la apuesta más razonable. El ND100000, salvo que esté claramente certificado para observación, yo lo reservaría para el sensor.
En cuanto a ir “más allá” en protección, existen filtros que equivalen a unos 20 pasos de densidad, todavía más oscuros que el ND100000 típico. Son útiles cuando trabajas con telescopios grandes o sistemas que concentran mucha más luz que un teleobjetivo fotográfico. Para una cámara estándar, a menudo son más un seguro psicológico que una necesidad real: te obligan a usar ISO más alto o aperturas más abiertas, y la clave de seguridad sigue estando en el bloqueo de UV e IR, no solo en oscurecer la escena. Por eso, si tu objetivo es cuidar tus ojos, mejor pensar en certificaciones solares que en acumular pasos de densidad sin más.
Usar bien un ND100000 también implica un poco de disciplina con el equipo. Siempre delante del objetivo, nunca detrás. Nada de bricolajes raros con filtros sueltos cerca del sensor. Comprobar que la superficie no tenga arañazos profundos, grietas o zonas sin recubrimiento. Evitar dejar la cámara apuntando al Sol durante minutos si no estás disparando. Y, si usas una réflex con visor óptico, asumir la regla de oro: ese filtro es para la cámara, no para tus ojos, así que todo por live view. Si tienes una mirrorless, el visor electrónico ya hace de escudo entre el sensor y tu retina, y el uso se vuelve mucho más cómodo y seguro.
Para el eclipse de 2026 en el norte de España, una combinación razonable sería: teleobjetivo entre 200 y 400 mm, trípode, ND100000 de calidad o lámina solar frontal, disparo en RAW y algo de planificación previa de encuadres y horarios. Si además quieres ir con máxima seguridad y versatilidad, una lámina solar certificada es difícil de superar: convierte casi cualquier óptica en “solar” y te deja dormir tranquilo la noche anterior. El ND100000 sigue siendo una herramienta interesante, sobre todo si ya lo tienes, pero entendiendo sus límites: muy útil para proteger el sensor y lograr exposiciones manejables, no necesariamente suficiente para proteger tus ojos.





