Enfoque perfecto: ajustes, manías y meteduras de pata

El drama del enfoque: cuando la foto perfecta no lo es

Uno de mis deportes favoritos es hac­er zoom al 100% y des­cubrir que la foto que pens­a­ba imprim­ir en grande merece, como mucho, vivir en sto­ries vein­tic­u­a­tro horas. A veces el prob­le­ma no es la cámara ni el obje­ti­vo, es que le he pedi­do a la cámara que adi­vine lo que yo quería enfo­car, y por supuesto ha deci­di­do irse al fon­do, a la faro­la menos intere­sante del encuadre. En otras oca­siones el prob­le­ma es que me he fli­pa­do con la aper­tu­ra y he con­ver­tido la pro­fun­di­dad de cam­po en una hoja de papel.

Con los años he apren­di­do que mejo­rar el enfoque no va de com­prar una cámara nue­va, va de enten­der cómo pien­sa el sis­tema de enfoque y, sobre todo, de no ponérse­lo imposi­ble. Lo que sigue no es una bib­lia del enfoque, es más bien un cuader­no de batal­la, con las cosas que hago yo en sesiones reales, en la calle, en el monte y delante del orde­nador, para que cada vez haya menos fotos que mueren por fal­ta de nitidez.

Elegir el modo de enfoque: no lo dejo en automático (casi nunca)

El primer gran cam­bio en mi vida fotográ­fi­ca fue dejar de dis­parar siem­pre en AF‑S o One Shot “porque sí” y empezar a ele­gir el modo de enfoque según el suje­to. Para suje­tos qui­etos sigo usan­do enfoque sen­cil­lo, AF‑S o equiv­a­lente, porque quiero que la cámara blo­quee el foco y yo pue­da recom­pon­er con cal­ma, res­pi­ran­do como si estu­viera defu­san­do una bom­ba. En cuan­to hay movimien­to, cam­bio el chip y paso a AF‑C, AI Ser­vo o como lo llame tu mar­ca, para que la cámara siga al suje­to mien­tras se mueve y yo pue­da dis­parar ráfa­gas sin perder­lo del todo.​

La clave, para mí, está en no mezclar chur­ras con meri­nas; si inten­to seguir a alguien andan­do con enfoque sen­cil­lo, lo nor­mal es que el suje­to sal­ga cada vez más fuera de plano según se mueve, sobre todo con aper­turas abier­tas. Y al revés, si fotografío un mon­u­men­to qui­eto con enfoque con­tin­uo, la cámara a veces decide “refres­car” el enfoque sin moti­vo, y esa micro variación puede arru­inar la nitidez fina que bus­co. No es magia, es sim­ple­mente usar cada modo para lo que está pen­sa­do, pero hay que acor­darse antes de apre­tar el botón.

Puntos de enfoque: dejar que la cámara elija es invitar al desastre

Durante mucho tiem­po deja­ba la selec­ción automáti­ca de pun­tos de enfoque porque son­a­ba cómo­do, has­ta que entendí que el sis­tema casi siem­pre pri­or­iza lo que está más cer­ca o lo que tiene más con­traste, no lo que me intere­sa. Con pro­fun­di­dad de cam­po cor­ta, esto suele sig­nificar que el foco se va a una cha­que­ta, a un hom­bro o a una faro­la, mien­tras los ojos del retrata­do quedan en una especie de lim­bo bor­roso que nadie se merece. Aho­ra, siem­pre que pue­da, eli­jo un úni­co pun­to de enfoque o una zona pequeña, y se la plan­to jus­to donde quiero la máx­i­ma nitidez.

En retra­to, mi pri­or­i­dad abso­lu­ta son los ojos, y si la cámara tiene detec­ción de ros­tro y ojo decente, la acti­vo sin vergüen­za, pero estando aten­to porque a veces se engan­cha al ojo equiv­o­ca­do o salta a otra per­sona en el encuadre. En esce­nas de paisaje, sue­lo ele­gir un pun­to algo por delante del ter­cio de la pro­fun­di­dad que quiero níti­da, ayu­da­do por cál­cu­lo de hiper­fo­cal cuan­do toca, así repar­to la nitidez de man­era más efi­ciente. El resumen es sen­cil­lo, man­do yo, no la cámara, y eso sig­nifi­ca mover el pun­to de enfoque o redefinir la zona cada vez que la esce­na lo pide.

Apertura y profundidad de campo: el equilibrio entre bokeh y fotos blandas

El desen­foque boni­to es adic­ti­vo, y los obje­tivos lumi­nosos empu­jan a dis­parar siem­pre a máx­i­ma aper­tu­ra, pero esa decisión tiene pea­je en el enfoque. Con aper­turas muy abier­tas la pro­fun­di­dad de cam­po es tan fina que un mín­i­mo movimien­to de mi mano, del suje­to o un micro error del AF se tra­duce en una foto con foco “casi” en su sitio, que en la prác­ti­ca es “no”. Por eso, aunque pue­da dis­parar a f/1.4, muchas veces pre­fiero cer­rar a f/2 u f/2.8 y ganar un poco de mar­gen, sobre todo en retra­to o en situa­ciones con algo de movimien­to.​

En paisaje la pelícu­la cam­bia, ahí sí que juego con aper­turas tipo f/8 o f/11, bus­can­do el pun­to dulce del obje­ti­vo, donde ofrece más nitidez en todo el encuadre y la pro­fun­di­dad de cam­po se vuelve gen­erosa. Eso sí, tam­poco me lan­zo a f/22 como si no hubiera mañana, porque la difrac­ción empieza a restar detalle fino, aunque aparente­mente todo esté “en foco”. El tru­co está en cono­cer el com­por­tamien­to de cada obje­ti­vo y asumir que a veces, para clavar el enfoque, es mejor ten­er un bokeh un pelín menos extremo y más fotos real­mente níti­das.

Velocidad, estabilización y trípode: si se mueve, no hay enfoque que salve

Otra lec­ción que he apren­di­do a golpes de pix­el es que una foto no está desen­fo­ca­da, está trep­i­da­da, y eso tiene solu­ción antes del dis­paro, no después. Si voy a pul­so, inten­to respetar una nor­ma bási­ca, nun­ca bajar de la inver­sa de la dis­tan­cia focal equiv­a­lente, y si hay movimien­to o tiem­blo más de la cuen­ta, subo la veloci­dad sin remordimien­tos y com­pen­so con ISO. La esta­bi­lización en cuer­po o en obje­ti­vo ayu­da, sí, pero no hace mila­gros con suje­tos que se mueven ni arregla veloci­dades ridícu­la­mente bajas.

Cuan­do la esce­na lo per­mite, tiro de trípode, sobre todo en paisaje, noc­tur­na o fotografía urbana más cal­ma­da, y ahí sí que noto un salto impor­tante en la nitidez gen­er­al. Sue­lo desac­ti­var la esta­bi­lización cuan­do la cámara está bien suje­ta al trípode, para evi­tar micro cor­rec­ciones absur­das que pueden intro­ducir vibración, sobre todo en exposi­ciones largas. Y si tra­ba­jo con DSLR, acti­var el blo­queo de espe­jo cuan­do está disponible ayu­da a elim­i­nar ese pequeño golpe inter­no que, en cier­tas veloci­dades, pro­duce una lig­era pér­di­da de detalle. No es glam­our, es mecáni­ca bási­ca para que el enfoque que tan­to he cuida­do no se pier­da por un tem­blor ton­to.

Enfoque manual: cuándo dejo el AF y saco la lupa

Aunque el enfoque automáti­co actu­al es muy bueno, hay situa­ciones en las que direc­ta­mente pre­fiero enfo­car­lo yo, con cal­ma y lupa, como quien ajus­ta un vini­lo en un pla­to. En fotografía noc­tur­na y astro­fo­tografía, casi siem­pre uso enfoque man­u­al con live view, amplian­do la ima­gen en la pan­talla y aju­s­tan­do el anil­lo de enfoque has­ta que una estrel­la o una luz lejana se con­vierte en el pun­to más pequeño posi­ble. El AF en esas condi­ciones suele cazar al infini­to fal­so o perder­se en la oscuri­dad, mien­tras yo solo quiero que una hilera de faro­las quede real­mente níti­da.​

Tam­bién tiro de enfoque man­u­al cuan­do tra­ba­jo con macro o planos muy cer­canos, donde un milímetro cam­bia com­ple­ta­mente el plano de foco y el AF entra en modo dudar eter­na­mente. Ahí sue­lo com­bi­nar ampliación en visor o pan­talla y, si la cámara lo incluye, focus peak­ing, ese con­torno de col­or que mar­ca las zonas en foco y que bien con­fig­u­ra­do es oro. Lo curioso es que cuan­to más prac­ti­co el enfoque man­u­al, más con­sciente me vuel­vo de cómo se desplaza el plano de foco con mín­i­mos giros, y eso tam­bién mejo­ra cómo uso el AF el resto del tiem­po.

Back-button focus: separar enfoque y disparo para pensar mejor

Una de las pequeñas rev­olu­ciones silen­ciosas en mi for­ma de enfo­car fue acti­var el enfoque por botón trasero y desac­ti­var­lo del dis­parador prin­ci­pal. De esta for­ma, enfo­co con el pul­gar cuan­do quiero, y cuan­do suel­to ese botón sé que el enfoque se que­da blo­quea­do has­ta que deci­da cam­biar­lo, mien­tras el dedo índice dis­para sin inter­ferir. Esto me per­mite recom­pon­er con tran­quil­i­dad y dis­parar varias fotos seguidas sin que la cámara intente reen­fo­car cada vez, algo espe­cial­mente útil en retra­to, calle­jera o esce­nas donde el suje­to se mueve poco.

Además, es una man­era ele­gante de alternar entre enfoque úni­co y con­tin­uo sin tocar menús, man­te­nien­do pul­sa­do el botón trasero mien­tras el suje­to se mueve o soltán­do­lo cuan­do quiero fijar el plano de foco. Al prin­ci­pio cues­ta un poco acos­tum­brarse, porque es reed­u­car años de hábito de “apre­tar has­ta la mitad y luego has­ta el fon­do”, pero una vez inte­ri­or­iza­do se vuelve adic­ti­vo. Tam­bién reduce muchos enfo­ca­dos acci­den­tales a cosas que no quería, sim­ple­mente porque había roza­do el dis­parador más de la cuen­ta en el momen­to equiv­o­ca­do.​

Hyperfocal, doble distancia y apañarme para tenerlo todo nítido

Cuan­do quiero que casi todo se vea níti­do, espe­cial­mente en paisaje o esce­nas urbanas con pro­fun­di­dad, el enfoque cam­bia de filosofía y pasan cosas como la hiper­fo­cal. En la prác­ti­ca, con­siste en enfo­car a una dis­tan­cia cal­cu­la­da para que, a una aper­tu­ra y focal conc­re­tas, des­de una dis­tan­cia cer­cana has­ta el infini­to que­den razon­able­mente níti­dos. Hay apps como Pho­toPills que te dan estos números sin hac­er cál­cu­los men­tales, y yo con­fieso que tiro de ellas cuan­do quiero ase­gu­rar el tiro y no estoy para exper­i­men­tos.

Otra téc­ni­ca intere­sante es la lla­ma­da “doble dis­tan­cia”, enfo­car al doble de la dis­tan­cia del primer plano que quieres níti­do, lo que reparte la pro­fun­di­dad de cam­po de for­ma efi­ciente y muy intu­iti­va. Cuan­do la esce­na es com­pli­ca­da, recur­ro al focus stack­ing, dis­parar varias fotos var­ian­do lig­era­mente el pun­to de enfoque y fusion­arlas luego en edi­ción para con­seguir una nitidez imposi­ble en una sola toma. Este últi­mo tru­co lo uso menos, porque exige trípode, cal­ma y ganas de proce­sar después, pero cuan­do lo apli­co la difer­en­cia se nota mucho en amplia­ciones grandes.​

Objetivos, limpieza y pequeños detalles que destrozan la nitidez

No todo es cul­pa del enfoque, a veces el prob­le­ma es direc­ta­mente ópti­co, y ahí entran en juego la cal­i­dad del obje­ti­vo y su esta­do de limpieza. Las cámaras enfo­can con el diafrag­ma abier­to al máx­i­mo, así que los obje­tivos lumi­nosos sue­len ofre­cer un enfoque más rápi­do y fiable en condi­ciones de poca luz, aunque luego dis­pare­mos más cer­ra­dos. Un zoom bara­to, un ultra gran angu­lar extremo o un fil­tro de mala cal­i­dad delante pueden reducir la nitidez glob­al, por mucho que el foco esté per­fec­ta­mente colo­ca­do.

He com­pro­ba­do que una sim­ple capa de suciedad, grasa de dedos o sal­itre del mar en la lente frontal puede dar esa sen­sación de fal­ta de con­traste y de detalle que a veces atribuimos a la cámara. Por eso lle­vo siem­pre un paño de microfi­bra decente y, si he esta­do en entornos agre­sivos, revi­so la lente antes de cul­par al enfoque. Tam­bién ayu­da cono­cer el ran­go de aper­turas donde cada obje­ti­vo rinde mejor, ese “pun­to dulce” que suele estar uno o dos pasos por enci­ma de la máx­i­ma aper­tu­ra, y plan­i­ficar dis­paros impor­tantes den­tro de ese mar­gen cuan­do es posi­ble.

Revisar el enfoque sobre el terreno: el zoom no es opcional

Una de las cosas que más me ha sal­va­do de lle­gar a casa con una tar­je­ta llena de decep­ciones es obligarme a revis­ar el enfoque en el momen­to, con zoom en pan­talla. Tomo una foto, amplío has­ta que casi veo los poros de la piel o la tex­tu­ra de una roca y com­prue­bo si el pun­to críti­co de la esce­na está real­mente níti­do, no con­fío en la pre­vi­su­al­ización gen­er­al. Este gesto me per­mite cor­re­gir errores de modo de enfoque, de veloci­dad o de pun­to de enfoque antes de que el suje­to se vaya o la luz desa­parez­ca, que es cuan­do luego vienen los lamen­tos.​

Tam­bién revi­so si la cámara ha enfo­ca­do lig­era­mente por delante o por detrás de donde yo pre­tendía, porque a veces un pequeño desajuste de micro enfoque o una mala elec­ción de pun­to se detec­ta rápi­do con esa ampliación. Hac­er esta com­pro­bación de vez en cuan­do, sobre todo en sesiones impor­tantes, mar­ca la difer­en­cia entre un día pro­duc­ti­vo y un día de “casi” fotos bue­nas. Y aunque parez­ca un poco lento, la real­i­dad es que se inte­gra bien en el rit­mo de tra­ba­jo, casi como un mini con­trol de cal­i­dad con­tin­uo sobre el ter­reno.

Edición: apretar la nitidez sin matar la foto

Por mucho mimo que pon­gas, casi todas las imá­genes se ben­e­fi­cian de un toque de enfoque en edi­ción, sobre todo si dis­paras en RAW, que suele verse más blan­do de sal­i­da. Uso el enfoque de cap­tura en el rev­e­la­do bási­co para com­pen­sar la suavi­dad del pro­ce­so de demo­saico, y luego apli­co una nitidez más selec­ti­va sobre la zona que real­mente me intere­sa que destaque. Her­ramien­tas como “Paso alto” o “Enfoque suaviza­do” en pro­gra­mas como Pho­to­shop per­miten aumen­tar el micro con­traste de los detalles sin con­ver­tir el cielo en una sopa de rui­do.

Aquí voy con cuida­do, porque es fácil pasarse y acabar con bor­des acuchilla­dos y arte­fac­tos que can­tan a edi­ción agre­si­va, sobre todo si la foto ya venía jus­ta de enfoque o trep­i­da­da. Muchas veces pre­fiero com­bi­nar un ligero incre­men­to de tex­tu­ra y clar­i­dad local en cier­tas áreas con más­caras, en lugar de subir la nitidez glob­al sin piedad. Y aunque aho­ra hay her­ramien­tas con inteligen­cia arti­fi­cial que prom­e­ten enfo­car lo desen­fo­ca­do, sigo pen­san­do que lo mejor es clavar el foco en cámara y dejar la edi­ción como refi­namien­to, no como rescate de últi­ma hora.

Cómo suelo trabajar yo, en la vida real

Si ten­go que resumir mi flu­jo men­tal, sería algo así, suje­to qui­eto, AF‑S, pun­to úni­co en el detalle impor­tante, aper­tu­ra mod­er­a­da para ase­gu­rar mar­gen y veloci­dad sufi­ciente para evi­tar trep­i­dación, trípode si puedo. Si hay movimien­to, AF‑C, seguimien­to de suje­to u ojo si fun­ciona bien, ráfa­ga mod­er­a­da y aper­tu­ra algo cer­ra­da para ampli­ar la pro­fun­di­dad de cam­po útil sin perder demasi­a­do fon­do desen­fo­ca­do. En paisaje, trípode, f/8 o f/11, cál­cu­lo rápi­do de dis­tan­cia de enfoque tipo hiper­fo­cal o doble dis­tan­cia y revisión de nitidez en pan­talla con zoom, sin excusas.

Para noc­tur­na o esce­nas muy críti­cas, paso al enfoque man­u­al con ampliación y focus peak­ing si está disponible, y no dis­paro la foto “bue­na” has­ta que he com­pro­ba­do con zoom que el foco está exac­ta­mente donde quiero. En el orde­nador, un rev­e­la­do con enfoque con­tro­la­do, cor­rec­ción de posi­bles fal­los de micro con­traste y un últi­mo vis­ta­zo al 100% antes de expor­tar, más por tran­quil­i­dad per­son­al que por para­noia téc­ni­ca. No es un sis­tema per­fec­to, pero cada vez me deja menos fotos arru­inadas por un enfoque que podría haber mejo­ra­do con dos deci­siones bien pen­sadas.​

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