Hiperfocal y profundidad de campo, pareja clave

Cuan­do enfo­cas con la cámara, no estás fijan­do un úni­co pun­to mági­co, sino una fran­ja de dis­tan­cias acept­able­mente níti­das. Esa fran­ja arran­ca en un pun­to cer­cano al fotó­grafo y ter­mi­na en otro más lejano; todo lo que entra ahí lo percibi­mos como enfo­ca­do, aunque téc­ni­ca­mente solo exista un plano de enfoque exac­to. En lengua­je de calle: es el “tro­zo de mun­do” que sale razon­able­mente a foco cuan­do haces la foto, mien­tras el resto se va suavizan­do y se con­vierte en desen­foque.

Imag­i­na que fotografías a alguien en la calle y enfo­cas sus ojos; la pro­fun­di­dad de cam­po típi­ca hará que la nar­iz y las ore­jas sigan vién­dose níti­das, mien­tras el fon­do de edi­fi­cios se suaviza. Si cam­bias nada más que el diafrag­ma, de una aper­tu­ra grande a una pequeña, sin tocar dis­tan­cia ni encuadre, verás que de pron­to apare­cen con más nitidez el coche que hay detrás, los carte­les, inclu­so el sue­lo. En esen­cia, la pro­fun­di­dad de cam­po es una her­ramien­ta para decidir cuán­to con­tex­to quieres mostrar clara­mente y cuán­to pre­fieres dejar en sug­eren­cia.

Tres factores que mandan aquí

La pro­fun­di­dad de cam­po depende sobre todo de tres cosas: aper­tu­ra de diafrag­ma, dis­tan­cia al suje­to y dis­tan­cia focal del obje­ti­vo. Cuan­to más abier­to está el diafrag­ma, menor es la pro­fun­di­dad de cam­po y más fuerte es el desen­foque del entorno; al cer­rar el diafrag­ma, la zona níti­da crece como si extendieras un acordeón ópti­co. La dis­tan­cia tam­bién pesa: acer­carte mucho al suje­to reduce dramáti­ca­mente la pro­fun­di­dad de cam­po, mien­tras que ale­jarte la esti­ra aunque no cam­bies el diafrag­ma.

El ter­cer fac­tor es la dis­tan­cia focal: los teleob­je­tivos tien­den a mostrar pro­fun­di­dades de cam­po más reduci­das que los angu­lares en condi­ciones sim­i­lares. Por eso un retra­to a 85 mm da ese fon­do suave tan apre­ci­a­do, mien­tras un paisaje a 24 mm puede man­ten­er casi todo níti­do sin demasi­a­do esfuer­zo téc­ni­co. Al com­bi­nar estos tres parámet­ros acabas jugan­do al Tetris con la nitidez: si uno va en direc­ción de “poca pro­fun­di­dad de cam­po”, tienes que com­pen­sar con otro para recu­per­ar nitidez si la nece­si­tas.

Profundidad de campo en retrato

En retra­to sole­mos bus­car una pro­fun­di­dad de cam­po pequeña para sep­a­rar al suje­to del fon­do y diri­gir la mira­da al ros­tro. La rec­eta habit­u­al incluye una ópti­ca algo larga, como un 50 mm o un 85 mm, un diafrag­ma bas­tante abier­to y una dis­tan­cia al suje­to razon­able­mente cor­ta. Así el fon­do urbano se con­vierte en man­chas de col­or y luz, mien­tras los ojos apare­cen como el pun­to más níti­do y dom­i­nante de la ima­gen.

Un ejem­p­lo lis­to para ilus­trar: imag­i­na una foto a una per­sona sen­ta­da en una ter­raza, toma­da con un 50 mm a f/1.8, a unos dos met­ros de dis­tan­cia. El suje­to se ve casi entero a foco, pero las mesas detrás se dis­uel­ven en bokeh, y los edi­fi­cios del otro lado de la calle ape­nas son for­mas sug­eri­das. Ese esce­nario es per­fec­to para una ima­gen de ejem­p­lo, porque se puede rep­re­sen­tar clara­mente la ban­da de nitidez que corre des­de la cara has­ta parte del tor­so y se cor­ta antes del fon­do.

Profundidad de campo en paisaje

En paisaje suele ocur­rir jus­to lo con­trario: quieres que casi todo esté níti­do, des­de la piedra cer­cana al hor­i­zonte lejano. Aquí la pro­fun­di­dad de cam­po grande es tu mejor ami­ga, y se con­sigue cer­ran­do diafrag­ma, usan­do un angu­lar y cuidan­do la dis­tan­cia de enfoque. Es menos espec­tac­u­lar que el desen­foque de retra­to, pero es la base para esas imá­genes donde parece que puedes cam­i­nar den­tro de la fotografía.

Pien­sa en una esce­na de cos­ta: un 24 mm a f/11, cámara a la altura del pecho, con unas rocas en primer plano y un faro en la dis­tan­cia. Si enfo­cas bien, verás la tex­tu­ra de las rocas, las olas y el faro con una nitidez homogénea que da sen­sación de pro­fun­di­dad real. Esa foto es ide­al para ilus­trar espa­cio, mostran­do cómo la pro­fun­di­dad de cam­po amplia sostiene la nar­ra­ti­va de “via­je” con todos los ele­men­tos a la vista.

El papel de la hiperfocal

La dis­tan­cia hiper­fo­cal es la dis­tan­cia mín­i­ma de enfoque que te da la máx­i­ma pro­fun­di­dad de cam­po posi­ble para una com­bi­nación conc­re­ta de focal y diafrag­ma. Si enfo­cas exac­ta­mente a esa dis­tan­cia, la zona níti­da se extiende des­de aprox­i­mada­mente la mitad de esa dis­tan­cia has­ta el infini­to, lo que es oro puro para paisaje y street con mucho con­tex­to. Es como encon­trar el pun­to dulce donde la nitidez recorre la esce­na de for­ma muy efi­ciente.

En la prác­ti­ca, la hiper­fo­cal se cal­cu­la con fór­mu­las ópti­cas que tienen en cuen­ta el cír­cu­lo de con­fusión, pero hoy casi todo el mun­do tira de tablas, apps o mar­cas en el obje­ti­vo. Imag­i­na que tra­ba­jas con un 24 mm a f/8 en for­ma­to com­ple­to; la hiper­fo­cal estará en torno a unos pocos met­ros, depen­di­en­do del cri­te­rio de nitidez de la tabla. Enfo­cas ahí y de pron­to las plan­tas cer­canas y las mon­tañas del fon­do entran jun­tas en esa fran­ja níti­da, sin ten­er que acer­tar al milímetro cada dis­tan­cia.

Hiperfocal con ejemplos visuales

Tomem­os un ejem­p­lo pen­sa­do des­de cero para ilus­tración: una foto de un cam­po con flo­res en primer plano, un camino que se pierde y mon­tañas al fon­do. Con­fig­uras la cámara con un 24 mm, f/11 y decides enfo­car aprox­i­mada­mente a cua­tro met­ros delante de ti, cer­ca de donde arran­ca el camino. Con esa elec­ción, los cál­cu­los de hiper­fo­cal harán que las flo­res próx­i­mas, el camino entero y las mon­tañas entren en la pro­fun­di­dad de cam­po acept­able.

Otro ejem­p­lo útil para imá­genes: una calle de ciu­dad con pavi­men­to detal­la­do, coches, peatones y edi­fi­cios que se ale­jan. Usas un 35 mm a f/8 y enfo­cas jus­to donde hay un paso de cebra a unos cin­co met­ros, mar­can­do la hiper­fo­cal esti­ma­da. El resul­ta­do per­mite mostrar una ilus­tración en la que el lec­tor vea cómo des­de medio paso de cebra has­ta la facha­da del fon­do se mantiene la sen­sación de nitidez glob­al, ide­al para explicar el con­cep­to con fle­chas y capas.

Cómo jugar con la profundidad de campo

En el día a día la pro­fun­di­dad de cam­po se manip­u­la casi sin pen­sar, pero ten­er un esque­ma men­tal claro ayu­da mucho. Si quieres ais­lar un ele­men­to, abres diafrag­ma, te acer­cas, quizá usas más focal; si quieres con­tex­to abun­dante, cier­ras diafrag­ma, usas angu­lar y enfo­cas pen­san­do en la hiper­fo­cal. La clave está en que cada decisión téc­ni­ca ten­ga un moti­vo visu­al, no solo un automa­tismo apren­di­do de memo­ria.

Para otro ejem­p­lo lis­to para ilus­trar, imag­i­na una foto de un ban­co en un par­que. Una ver­sión se toma con un 85 mm a f/2 y la pro­fun­di­dad de cam­po ape­nas cubre el ban­co, dejan­do árboles y gente como man­chas suaves. La otra ver­sión se hace con un 24 mm a f/11, colo­can­do la cámara cer­ca del sue­lo y usan­do hiper­fo­cal; el ban­co, el césped y la línea de árboles se ven per­fec­ta­mente, como un esce­nario mon­ta­do para que el ojo explore sin perder­se.

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