Hay una foto que ganó en Nueva York con un chorro de sidra cayendo sobre negro absoluto. Hay otra que conquistó Tokio retratando unas bicicletas asturianas como si fueran esculturas de luz. Detrás de las dos está el mismo hombre: José Ornia, nacido en Nava en 1963, fotógrafo desde los trece años y uno de los profesionales de la imagen más premiados internacionalmente que ha dado Asturias. No es una historia de golpe de suerte ni de fama repentina. Es la historia de alguien que eligió su camino muy pronto y lleva décadas recorriéndolo sin apartar la vista del objetivo.
El origen de todo, según él mismo cuenta, está en los llagares. Con trece años ya trabajaba en lagares de sidra en las temporadas de producción. Con ese dinero se compró su primera cámara réflex. No es un detalle menor. Quien empieza así —pagándose el instrumento con sus propias manos— ya lleva impresa en la piel una relación distinta con la fotografía. No es hobby heredado ni capricho de adolescente. Es vocación que se paga y se demuestra.
La formación como apuesta de vida
A los 17 años, José Ornia tomó una decisión que entonces sonaba arriesgada. Dejó Nava y se marchó a Barcelona para ingresar en el Institut d’Estudis Fotogràfics de Catalunya. Era una época sin internet, sin tutoriales en video, sin la democratización del conocimiento que vino después. Si querías aprender fotografía publicitaria de verdad, había que ir a las fuentes. Y las fuentes estaban en Cataluña.
Allí se formó con disciplina y terminó trabajando primero como asistente y luego como fotógrafo en estudios barceloneses especializados en publicidad. Barcelona era entonces la capital indiscutible de la fotografía profesional española. Más que Madrid, más que cualquier otra ciudad. Ornia lo recuerda sin nostalgia pero con claridad: aquellos años en la ciudad condal le dieron un nivel técnico y una perspectiva del mercado que desde Asturias habría sido imposible adquirir.
La vuelta llegó unos años después. No fue una retirada sino una elección consciente. En la balanza pesaban, por un lado, las oportunidades profesionales de una gran ciudad. Por el otro, la calidad de vida, el paisaje, la identidad. Ganó Asturias. «Soy muy de pueblo; me gusta vivir en un pueblo», admite Ornia con la misma naturalidad con la que dispara. Lo que vino después demuestra que el peaje profesional del regreso fue temporal. Hoy trabaja para empresas de toda España y de varios países europeos desde su estudio en Nava.
Un palmarés construido ladrillo a ladrillo
Los premios de José Ornia no llegaron todos a la vez. Se fueron acumulando durante tres décadas con una regularidad que habla de constancia más que de inspiración puntual. La primera señal llegó en 1991, cuando fue seleccionado como finalista en la Bienal de Fotografía Profesional FOTOVID’91, celebrada en Bilbao. Era una validación temprana en el circuito profesional español.
Los Premios MOTIVA, que otorga la Asociación de Diseñadores Gráficos de Asturias, lo distinguieron tres veces con el primer premio en la categoría de Fotografía aplicada al Diseño Gráfico: en 1999, 2004 y 2005. Esos tres galardones dicen algo importante sobre su perfil. Ornia no es solo un buen fotógrafo. Es un profesional que entiende cómo la imagen sirve a la comunicación. Los diseñadores gráficos, que son quienes mejor saben valorar eso, lo eligieron en años distintos y en circunstancias distintas. No fue casualidad.
Los Premios LUX de Fotografía Profesional, considerados el máximo referente del sector en España, aparecen en su palmarés con una frecuencia llamativa. Una plata en moda en 2005, una plata en fotografía industrial en 2010, un bronce y una plata en bodegón en 2017 y 2021 respectivamente. Competir en los LUX te sitúa frente a los mejores del país. Hacerlo con resultados en categorías tan distintas —moda, industrial, bodegón— revela la amplitud de un fotógrafo que no se encierra en un nicho.
El salto internacional: de París a Los Ángeles
La proyección internacional de Ornia comenzó a tomar forma con claridad a partir de 2022. Ese año fue seleccionado finalista en los Black and White Spider Awards de Los Ángeles, competiendo entre más de 6.000 trabajos procedentes de 66 países. No era un concurso menor. En 2024, el mismo certamen le concedió una mención honorífica por «Sinuous».
En 2023 llegó una riada de reconocimientos internacionales que confirmó la dimensión global de su carrera. Primero, una triple nominación en categoría profesional en los International Color Awards de Beverly Hills. Después, en el PX3 Prix de la Photographie de París, obtuvo tanto una mención de honor del jurado como una medalla de bronce, también en categoría profesional. Y para cerrar ese año, los New York Photography Awards le concedieron dos menciones de honor del jurado. Tres certámenes de primer nivel en tres países distintos en el mismo año. Eso no es suerte. Es solidez.





La sidra, el patrimonio y una medalla en Nueva York
En 2024, José Ornia presentó a los New York Photography Awards una imagen que cualquier asturiano reconocería al instante: un chorro de sidra saliendo de la botella sobre fondo completamente negro, con el líquido dorado en primer plano. La llamó «The Dance of Cider: Art and Tradition». Junto a la fotografía, adjuntó una explicación detallada de la cultura sidrera para que el jurado internacional pudiera entender lo que estaba viendo, porque la imagen habla en asturiano y no todos entienden ese idioma.
El momento de la presentación no fue casual. Ornia la envió al concurso poco después de que la Unesco declarara la cultura sidrera asturiana Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Era su manera de celebrarlo. La medalla de plata en la categoría Commercial Photography-Food & Beverage fue el resultado. Nueva York aplaudió a Asturias a través de una imagen hecha en Nava.



Tokio, Londres y los lares de Asturias
El reconocimiento más reciente llegó en 2025 desde dos ciudades tan distintas como Tokio y Londres, pero con un denominador común: las dos fotografías premiadas hablan, de una manera u otra, de Asturias. En los Tokyo International Foto Awards (TIFA), Ornia obtuvo la medalla de Oro en la categoría profesional de Publicidad-Producto. La serie ganadora, «Harmony of Light and Form: Engineering For Clean Mobility», era un encargo real de MMR, la firma de bicicletas asturiana del grupo Daniel Alonso. Trabajo de catálogo convertido en oro en Japón.
En Londres, los World Food Photography Awards —considerados el certamen de fotografía gastronómica más importante del mundo— reconocieron una imagen que Ornia había realizado para el cocinero asturiano Nacho Manzano. Una vez más, el sello asturiano en el corazón del reconocimiento internacional. «Todos mis premios tienen algo de Asturias», reconoce el propio Ornia, y los hechos no hacen más que darle la razón.
Ese mismo año de 2025, Ornia recibió además un honor diferente, más íntimo y local: fue el pregonero del XLVII Festival de la Sidra de Nava. Desde el balcón del ayuntamiento, el fotógrafo que con trece años trabajó en los llagares para comprarse su primera cámara proclamó el inicio de la fiesta más sidrera de Asturias. Pocas imágenes resumen mejor una trayectoria que esa.
Más allá del objetivo: docencia y gremio
José Ornia no se queda en el estudio esperando el próximo encargo. Desde 2018 ocupa el cargo de vicepresidente de la Asociación de Fotógrafos Profesionales de España (AFPE). Es la voz del gremio, el representante de quienes hacen de la fotografía su oficio. En mayo de 2026 apareció en Sevilla presentando la exposición de los Premios LUX 2025 en la Casa de la Provincia de la Diputación, una muestra que recoge las mejores obras de los mejores fotógrafos profesionales del país.
También es profesor de cursos con certificado de profesionalidad en el CISLAN, el Centro Integrado de Formación Profesional para la Comunicación, Imagen y Sonido de Langreo, referente en Asturias para la familia profesional de Imagen y Sonido. Y ejerce como asesor experto del Ministerio de Educación y Ciencia en la elaboración, revisión y actualización de cualificaciones profesionales de la Familia Profesional de Imagen y Sonido. Es decir: contribuye a definir qué significa formarse como fotógrafo profesional en este país.
Esta dimensión formativa y asociativa no es secundaria en su trayectoria. Ornia cree en el relevo generacional de la fotografía profesional. Y cree que Asturias tiene nivel para producirlo. «Desde siempre ha habido en Asturias un nivel de fotografía importante y hay profesionales muy buenos», ha declarado públicamente. No es modestia ni patriotismo fácil. Es la opinión de alguien que conoce el sector desde dentro y desde fuera.
El sello de quien no sigue modas
Pregúntale a Ornia por las tendencias y te responderá con la misma claridad con la que encuadra. «Nunca fui mucho de seguir tendencias; una tendencia es una moda y acaba pasando». Cuando sigues lo que hace todo el mundo, acabas siendo uno más. Su apuesta ha sido siempre la diferencia. No la extravagancia ni el originalismo forzado, sino la autenticidad de quien tiene algo que decir y sabe cómo decirlo visualmente.
Treinta y cinco años de carrera, una lista de premios que recorre cuatro continentes y un estudio en Nava desde donde trabaja para empresas de España y Europa. La inteligencia artificial, dice, está cambiando la fotografía semana a semana. Ornia lo observa con la calma de quien ya vivió la transición del analógico al digital y sobrevivió con el estilo intacto. Lo que cambia es la herramienta. La mirada, esa, sigue siendo suya.





