Hay un momento en la carrera de ciertas personas en que el camino trazado deja de ser suficiente. María Azkarate llegó a ese punto después de varios años ejerciendo como arquitecta. Nacida en Vitoria-Gasteiz en 1977, estudió en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de la Universidad de Navarra, especializándose en urbanismo, y se graduó en 2002. Lo que vino después no fue exactamente una ruptura, sino una ampliación: la fotografía como nueva lengua para hablar de lo mismo, el espacio, la ciudad, el territorio.
El giro no fue inmediato ni fácil. Azkarate describe su proceso de aprendizaje fotográfico como fundamentalmente autodidacta, aunque acompañado por un elenco de nombres que cotizan alto en la fotografía contemporánea. Pasó por talleres con Carlos Cánovas, Paco Polán, Jon Cazenave, Awoiska van der Molen, Federico Clavarino y Gonzalo Golpe. Cada uno dejó huella de un modo distinto. No buscaba imitar estilos, sino construir un vocabulario propio para hablar de arquitectura desde dentro, con la mirada de quien sabe lo que hay detrás de cada pared y de cada plano urbanístico.
Desde 2017, trabaja profesionalmente como fotógrafa de arquitectura, colaborando con estudios y empresas del sector en la construcción de su identidad visual. Vive y trabaja en Pamplona, ciudad en la que lleva afincada desde 1995. Esa doble condición, la de arquitecta que fotografía y fotógrafa que entiende de arquitectura, define algo muy concreto en su forma de trabajar. La técnica está al servicio del concepto, siempre.

El territorio como campo de batalla simbólico
La práctica de Azkarate se sitúa en la intersección entre arquitectura, fotografía y pensamiento crítico. No le interesa el edificio como objeto aislado, sino como acontecimiento complejo atravesado por tensiones históricas, económicas y simbólicas. Dice ella misma que la ciudad puede explicarse desde lo político, lo técnico, lo económico, lo psicológico o lo social, y que esa multiplicidad es una riqueza inagotable. Esa declaración de intenciones no es retórica: se nota en cada proyecto.
Su obra personal tiene un hilo conductor claro: los espacios que el sistema productivo no sabe qué hacer con ellos. Los márgenes. Los terrenos vacantes. Las periferias que no salen en los folletos turísticos. Un interés que conecta directamente con una corriente de pensamiento que lleva décadas fermentando en el paisajismo y el urbanismo crítico contemporáneos. En 2004, el botánico y paisajista francés Gilles Clément publicó su «Manifiesto del Tercer Paisaje», un texto que se ha convertido en referencia ineludible para entender cómo los espacios residuales funcionan como reservas de biodiversidad y de vida al margen del control administrativo. Clément argumentaba que estos lugares, al no ser rentables ni cómodos de explotar, quedan protegidos precisamente por su abandono. Azkarate hizo suya esa idea y la convirtió en imagen.

Tercer Paisaje: un herbario fotográfico
Tercer Paisaje es, hasta la fecha, el proyecto más reconocido de su carrera. La serie explora con asombro la diversidad de esos espacios residuales, inventariando situaciones relacionadas con la presencia humana y retratando distintos estadios, desde la parcela vacante hasta el bosque secundario ya constituido. El herbario fotográfico que compone el trabajo reúne más de doscientas especies. No es casualidad el término «herbario»: hay algo de catalogación científica en la mirada, y también de maravilla ante lo que nadie mira.
En 2020, el proyecto fue galardonado con el primer premio en el V Certamen de Fotógrafas Emergentes Vascas de BAFFEST, el festival de mujeres fotógrafas de Barakaldo. La instalación resultante se expuso de una forma deliberadamente provocadora: debajo del puente de una autopista, en la trasera del BEC, en Barakaldo. El lugar era en sí mismo un tercer paisaje. No había mejor escenario. Más tarde, el Museo de Navarra adquirió el trabajo para sus fondos, y en mayo de 2026 inauguró una exposición individual de Tercer Paisaje en la capilla del propio museo, compuesta por 16 fotografías y una instalación multisensorial titulada Jardín suspendido, visitable hasta abril de 2027.
La propuesta funciona como metáfora de algo mayor. El tercer paisaje encarna dos anhelos muy contemporáneos: la promesa de regeneración del medio ambiente y la posibilidad de una vida al margen de la hipervigilancia y la homogenización global. En ese sentido, no es solo una serie fotográfica sobre plantas en descampados. Es un argumento político con imágenes.

Bilbao After y el relato postindustrial
Junto a Tercer Paisaje, el otro gran proyecto de Azkarate es Bilbao After. El trabajo aborda la transformación postindustrial del área metropolitana de Bilbao, esa metamorfosis que convirtió una ciudad obrera y gris en uno de los iconos del urbanismo contemporáneo. La obra fue adquirida por el Museo de Bellas Artes de Bilbao para sus fondos. En 2023, Azkarate participó en la exposición Bilbao Metrópoli 30–30-30, una muestra sobre la transformación metropolitana bilbaína que reunió su trabajo junto al de Vanessa Winship y Corinne Vionnet en el propio Museo de Bellas Artes. No es un detalle menor compartir sala con esos nombres. Winship y Vionnet son dos de las fotógrafas europeas más respetadas del momento.
Ese reconocimiento institucional tiene su lógica. Bilbao After no es una fotografía de arquitectura al uso. Es un ensayo visual sobre los residuos del progreso, sobre lo que queda cuando la industria se marcha y la especulación urbana reescribe el territorio. Azkarate mira Bilbao como quien lee una ciudad palimpsesto: siempre hay capas anteriores bajo el brillo de la renovación.
De la periferia a Venecia
En 2025, la trayectoria de Azkarate llegó a uno de sus momentos más visibles. Participó en el Pabellón de España de la Bienal de Arquitectura de Venecia, dentro del proyecto Internalities: Architectures for Territorial Equilibrium, comisariado por Roi Salgueiro y Manuel Bouzas. El pabellón exploraba estrategias para la descarbonización de la arquitectura en España y estuvo abierto del 10 de mayo al 23 de noviembre de 2025. Su participación consistió en un ensayo visual sobre la cadena de valor de la madera, un trabajo que requirió, como siempre en su caso, una intensa fase previa de investigación y lectura.
Ese mismo año fue finalista del Premio de Fotografía de la Fundación ENAIRE con la obra Bilbao After 02, uno de los galardones más relevantes del panorama fotográfico español, vinculado desde hace años a PHotoESPAÑA. Dos reconocimientos en el mismo año, en contextos y escalas bien distintas, que confirman que Azkarate ha pasado de emergente a referencia consolidada en muy poco tiempo.
En 2026 también aparece vinculada a la exposición colectiva Lo admirable de Gipuzkoa de Kutxa Fundazioa Artegunea, junto a fotógrafos como Peter Bialobrzeski y Dragana Jurišić. Su propuesta plantea cómo el borde urbano, que no es una línea sino un espacio en sí mismo, habita entre la invisibilidad del presente y su construcción en la memoria. El territorio como lugar donde el tiempo se superpone.

Punto de Catástrofe: la fuerza del colectivo
Desde 2017, Azkarate forma parte del colectivo fotográfico Punto de Catástrofe, un grupo de siete fotógrafos pamploneses, entre los que también están Kike Balenzategui, Marta Contin, MeryAn Rivers, Dani Sánchez, Jorge Tellechea y Jaime Urtasun. El nombre tiene una raíz científica: en física, un punto de catástrofe es aquel que rompe con la evolución fluida y marca una ruptura en la transformación de algo. La metáfora es perfecta para describir lo que hacen: fotografiar los momentos de tensión, los bordes donde el sistema cruje.
El colectivo trabaja con una metodología singular: eligen un tema, lo investigan desde múltiples perspectivas y disciplinas, fotografían de forma individual y luego ponen en común las imágenes con una crítica constructiva que busca reforzar el concepto colectivo sin aplanar las diferencias de mirada. Ese equilibrio entre lo individual y lo grupal genera proyectos de una coherencia conceptual poco habitual. Limiferia, su primera exposición colectiva, abordó la periferia de Pamplona desde siete puntos de vista distintos y se exhibió en la Ciudadela de la capital navarra. Más recientemente, el colectivo lanzó la colección de fanzines Intersecciones, presentada en la librería cooperativa Katakrak en enero de 2024.
Azkarate también compagina todo esto con la enseñanza. Es profesora en LENS Escuela de Artes Visuales, donde imparte un curso cuatrimestral de fotografía de arquitectura en formato 100% online. Ha participado como jurado en concursos de fotografía de arquitectura y como ponente en la Primavera Fotográfica de Tafalla. La transmisión del conocimiento parece tan importante para ella como la producción de obra.
Hay algo coherente en toda esta trayectoria. Azkarate empezó mirando edificios como arquitecta. Luego aprendió a mirarlos como fotógrafa. Y terminó entendiendo que lo más interesante no estaba en los edificios, sino en los espacios que los rodean, los que nadie planifica y nadie reclama. Esos que Clément llamó tercer paisaje y que ella convirtió en argumento fotográfico. Una práctica que, sin haber abandonado la arquitectura, la ha trascendido.





