Rolleiflex: mirar el mundo desde la cintura

La Rollei­flex trans­for­mó la fotografía medi­ante algo más pro­fun­do que su ópti­ca: cam­bió la pos­tu­ra del fotó­grafo. Su visor supe­ri­or obliga a mirar hacia aba­jo, mien­tras dos obje­tivos sep­a­ran obser­vación y cap­tura. El for­ma­to cuadra­do, la ima­gen inver­ti­da lat­eral­mente y el par­ala­je intro­ducen un rit­mo aten­to, espe­cial­mente útil en retra­to y moda. Esa ergonomía puede resul­tar menos agre­si­va, pero tam­bién difi­cul­ta el con­tac­to visu­al. Richard Ave­don con­vir­tió la cámara en una pro­lon­gación móvil de su cuer­po antes de susti­tuir­la por una Dear­dorff. Su decisión rev­ela la lec­ción prin­ci­pal: cada dis­eño téc­ni­co mod­i­fi­ca cómo miramos, nos move­mos y trata­mos al retrata­do.

Lee Miller nunca dejó el surrealismo

Lee Miller fue mucho más que mod­e­lo, musa o cor­re­spon­sal. Su obra mantiene una sor­pren­dente con­tinuidad entre el sur­re­al­is­mo parisi­no, la fotografía de moda y los repor­ta­jes de guer­ra. El artícu­lo revisa su colab­o­ración con Man Ray, aclara que la solar­ización artís­ti­ca pro­cedía del efec­to Sabat­ti­er ya cono­ci­do, y expli­ca su redes­cubrim­ien­to acci­den­tal. Tam­bién anal­iza su tra­ba­jo para «Vogue», el uso de la Rollei­flex y sus imá­genes de Saint-Malo, Buchen­wald, Dachau y Múnich. En todas ellas apare­cen frag­men­tos, refle­jos, obje­tos desplaza­dos y choques visuales. Miller no aban­donó el sur­re­al­is­mo ante el hor­ror: encon­tró una real­i­dad que lo había super­a­do bru­tal­mente.

Entre nieblas y negativos: el universo de Lang Jingshan

Lang Jing­shan fue un fotó­grafo chi­no que con­vir­tió la cámara en un pin­cel mod­er­no. Arrancó como fotope­ri­odista en la Shanghái de los años veinte, fotografian­do ciu­dad, anun­cios y mujeres mod­er­nas, y se con­vir­tió en pio­nero del desnudo artís­ti­co en Chi­na. En los años trein­ta desar­rol­ló su famosa com­pos­ite pho­tog­ra­phy, con la que ensam­bla­ba frag­men­tos de dis­tin­tos neg­a­tivos para con­stru­ir paisajes ide­ales inspi­ra­dos en el shan­shui tradi­cional. Tras 1949 con­tin­uó su obra en Tai­wán, donde enseñó, orga­nizó aso­cia­ciones y con­solidó su influ­en­cia en toda Asia. Su lega­do sigue sien­do clave para pen­sar la relación entre fotografía, tradi­ción y manip­u­lación.

Brassaï: aprender a mirar la ciudad cuando se apagan las luces

Bras­saï con­vir­tió la noche de París en un esce­nario donde la luz, la niebla y el humo man­dan más que los edi­fi­cios. Sus fotos de «Paris de nuit» mez­clan calle, retra­to y paisaje urbano con una teatral­i­dad muy con­sciente, con­stru­i­da con trípode, largas exposi­ciones y un blan­co y negro de con­trastes cal­cu­la­dos. Mirar su obra des­de la fotografía noc­tur­na fer­roviaria abre un puente muy sug­er­ente: faro­las y focos de estación fun­cio­nan igual, las vías pueden ser calles y el tren un per­son­aje más den­tro de la esce­na. Más que téc­ni­ca, lo que con­ta­gia es una for­ma de mirar.

El fotógrafo Gombáu que aún me mira

Este tex­to es un via­je en primera per­sona hacia la figu­ra de mi bis­abue­lo, el fotó­grafo Venan­cio Gom­báu, y la huel­la que dejó en Sala­man­ca y en mi man­era de mirar. Recor­ro su biografía, des­de el apren­diz madrileño has­ta el retratista más pop­u­lar de la ciu­dad, detenién­dome en su estu­dio, sus repor­ta­jes y, sobre todo, en sus imá­genes de la Plaza May­or. Entre anéc­do­tas famil­iares, ref­er­en­cias históri­c­as y reflex­iones téc­ni­cas, el artícu­lo mez­cla memo­ria, archi­vo y camino pro­pio, bus­can­do enten­der por qué, cada vez que dis­paro, sien­to que dis­paro tam­bién con él.

Fotografía cubista cotidiana al estilo Hockney

David Hock­ney no es solo un pin­tor pop con pisci­nas turque­sas, tam­bién es un fotó­grafo pelea­do con la idea de la “foto per­fec­ta”. A finales de los seten­ta se lan­za a desmon­tar la fotografía tradi­cional con sus céle­bres “join­ers”, col­lages de Polaroids que mez­clan tiem­po, movimien­to y múlti­ples pun­tos de vista en una sola ima­gen. Más tarde se enam­o­ra de lo dig­i­tal, del fax al iPhone y, sobre todo, del iPad. Este artícu­lo recorre su for­ma de mirar y pro­pone pis­tas prác­ti­cas para lle­var esa mira­da frag­men­ta­da, jugue­t­ona y muy con­sciente al ter­reno fotográ­fi­co actu­al.

«Madame Disdéri»: la fotógrafa que borraron de la historia

Geneviève Élis­a­beth Dis­déri fue una de las primeras fotó­grafas pro­fe­sion­ales y, prob­a­ble­mente, la primera fotó­grafa france­sa en activi­dad con­tin­u­a­da. Tra­ba­jó jun­to a André-Adolphe-Eugène Dis­déri en Brest, donde man­tu­vo el estu­dio cuan­do él par­tió a París y real­izó una serie de vis­tas exte­ri­ores de la ciu­dad y sus alrede­dores, desta­can­do sus ruinas y cemente­rios. Par­ticipó en el auge de las cartes de vis­ite y ges­tionó estu­dios a su nom­bre, aunque su autoría fue a menudo invis­i­bi­liza­da, inclu­so ras­pan­do crédi­tos en las copias. Murió en París en 1878, dejan­do un lega­do que aho­ra se está reval­orizan­do.

De los 36 disparos al ráfaga eterna

La fotografía dig­i­tal ha con­ver­tido dis­parar en un gesto casi infini­to, bara­to y omnipresente, liberán­donos del miedo a “gas­tarnos el car­rete” y abrien­do el juego a todo el mun­do, más allá del móvil y del self­ie oca­sion­al. Sin embar­go, en ese salto hemos deja­do atrás una parte román­ti­ca del pro­ce­so: la espera, el olor del lab­o­ra­to­rio, los con­tac­tos en blan­co y negro llenos de cruces y notas, las tardes de dia­pos­i­ti­vas proyec­tadas sobre la pared. En este artícu­lo repa­so esa trans­for­ma­ción des­de mi propia expe­ri­en­cia, con un ojo en la nos­tal­gia y otro en los píx­e­les.

Jean Laurent, el mapa fotográfico de España

Jean Lau­rent, o Juan Lau­rent, llegó a Madrid para tra­ba­jar el papel y ter­minó inven­tan­do una for­ma de mirar España. Des­de su estu­dio madrileño sal­ió al exte­ri­or con un carro‑laboratorio y una cámara enorme, recor­rien­do fer­ro­car­riles, puentes y ciu­dades en ple­na trans­for­ma­ción. Usó el colodión húme­do y las copias en albúmi­na para con­stru­ir un archi­vo bru­tal­mente sóli­do, que hoy suma miles de imá­genes dig­i­tal­izadas. Retrató a la corte, doc­u­men­tó obras públi­cas y fotografió las colec­ciones del Museo del Pra­do, con­vir­tien­do sus catál­o­gos en autén­ti­cos fotoli­bros pio­neros. Su obra es memo­ria visu­al, mar­ket­ing ter­ri­to­r­i­al y exper­i­mentación téc­ni­ca a la vez.